El temor es una de las sensaciones con mayor poder de hacer reaccionar  a los consumidores.

Muchos productos utilizan este lado emocional de las personas para venderles protección hacia aquello que temen, como las enfermedades o el envejecimiento.

En realidad el miedo no solamente funciona a ese nivel, ya que no es cuestión de hacer sentir al consumidor que debe consumir determinados productos, sino que también puede llegar a inhibir la acción de consumo.

Evitar comprar comida con mucho azúcar, colesterol o gluten son ejemplos en los que el miedo ha provocado que las ventas de un producto bajen considerablemente.

Otro miedo que influye en las decisiones de compra es el temor al cambio, que provoca el no “arriesgarse” a comprar otra marca del mismo producto aunque esté más barato, solamente porque es diferente al que normalmente adquiere.

Las malas experiencias con un producto o servicio activan el hipocampo como un aviso de que se evite esta situación. Esta señal hace clara la decisión de compra: no volver a comprar en ese lugar.

De acuerdo a la neurociencia, la mejor manera para atacar el miedo es ofrecerle información al consumidor. Cuanta más información tenga sobre lo que va a ocurrir, menos miedo al cambio tendrá.

Fuente: PuroMarketing