Las emociones son un recurso muy poderoso ya que conectan directamente con las personas.

La felicidad está en todas partes y las marcas lo saben. Todas intentan posicionarse como la clave para ser feliz y para hacer que el consumidor se sienta mejor.

Las marcas les ofrecen a los consumidores productos o servicios que quieren y aseguran las ventas. La época navideña es un claro ejemplo, con anuncios llenos de mensaje emocionales, con un final feliz.

La felicidad está presente en todos los aspectos de la publicidad y estos tiempos difíciles en el aspecto político y económico son parte de la razón por la cual se aprovechan los mensajes positivos para levantar el ánimo de las personas y conectar con ellos.

Los consumidores se sienten más cercanos a las marcas cuando se identifican con su mensaje, usualmente una respuesta alguna situación que les trae problemas con un producto o servicio que mejorará su rutina o cumple alguna satisfacción de entretenimiento o afecto.

Sin embargo, envolver a los consumidores en una burbuja de positivismo no solamente hace que se pierda el factor sorpresa y se entiendan como demasiado melosos, baratos e insinceros.

Para contrarrestar esta situación, el mensaje positivo debe estar más allá de lo superficial, debe estar en todos los detalles, en la calidad de los productos, en la atención al cliente y en el compromiso de la marca por la comunidad, ya que esto tiene más valor que una sonrisa forzada en un comercial.

Fuente: PuroMarketing